El relato quedó interrumpido a la entrada de Oruro, una ciudad en mitad del altiplano boliviano a casi 4000 metros de altura. Llegamos tras 17 horas en un tren que recorría media bolivia a la velocidad media de 40 km/h... eso creo que ya se contó.
Una de las razones que han hecho que no sigamos escribiendo en el blog, es que rompimos un cd con muchas de las fotos de esta parte del viaje (principalmente Bolivia), un blog sin fotos no es lo mismo. Pero bueno... intentaremos hacer las mejores descripciones de lo visto y vivido.
Lo normal cuando te diriges a una nueva ciudad es crearte unas espectativas sobre ella, te haces una imagen mental de sus calles y sus gentes. Creo que eso le debe pasar a casi todo el mundo. Bien, pues Oruro se metió en nuestras cabezas como un lugar nada agradable, un lugar donde no merecía la pena pasar mucho tiempo. Con esta idea preconcebida fué fácil llevarse una muy grata sorpresa.

A decir verdad, Oruro es una ciudad de aspecto feo, no es bonita por sus construcciones. El encanto de la ciudad lo tienes que buscar por otro lado. En las calles atestadas de gente, las mujeres cargando a sus niños con una manta liada a la espalda (cholitas que las llaman), en el encantador caos que domina toda la ciudad, en los autobuses donde la gente hace malabarismos para entrar 25, cuando teoricamente no caben mas de 15. En fin... todas esas cosas que no se ven por el lado "bonito del globo". Según caminas por la ciudad es imposible no quedarte mirando todo este paisaje urbano como un bobo, sorprendido a cada vuelta de esquina.
Al poco de estar ahí empezamos a percibir que, de igual modo que a nosotros nos resultaban sorprendentes todas estas cosas, la gente nos miraba como bichos raros, no debía ser muy habitual ver gente con nuestra pinta por allí.
De todos los bullicios que te puedes encontrar en la ciudad el mejor es el que encuentras en el "mercado campero", un mercado en el centro de la ciudad donde de todo se vende. Desde puestos donde venden CDs, (100% cumbia por supuesto) hasta carnicerias donde la carne se cuelga al aire, y el sistema de conservación es la mano del tendero espantando las moscas. Por toda la ciudad, y en especial en el mercado, puedes comer comida de puestecillo. El menú de estós puestecillos va cambiando a lo largo del dia, los que a primera hora de la mañana vendían rodajas de piña, dejan paso al medio dia a los que venden "salchipapas" y estos a los que venden dulces por la tarde. Es posible alimentarse sin necesidad de pisar un local.
Nosotros llegamos un viernes 17 de noviembre. Después de bajar del tren y conseguir algo de moneda boliviana (Bolivianos) nos fuimos directos a la oficina de la policía turistica, allí un hombre muy simpatico nos consiguió un hostal por 20 bolivianos (al cambio dos euros), tan amable el tio que incluso nos guió hasta el hostal al paso de su cojera. Desayunamos en un mercado una torta de algun tipo de cereal y queso con una bebida caliente de api, el sabor puede ser dificil de explicar, parece ser el colacao boliviano. Después fuimos a dar una vuelta por la ciudad, un par de miradores y unas cuantas fotillos de la ciudad (que luego perderíamos).
El policía turistico que nos consiguió el hostal nos habló de un par de cosas que podiamos hacer en la ciudad, entre ellas nos dijo que fuéramos a un balneario a las afueras de la ciudad. Le hicimos caso y al medio dia fuimos al balneario; agua con magnesio bien calentita y mucha viejita boliviana retozando a nuestra vera. Después de pegarnos el bañito relajante que tanta falta nos hacía volvimos a la ciudad en microbus. El conductor se empeñó en meter a medio pueblo en el autobús, y lo consiguió... record guiness, seguro. Ya de vuelta en la ciudad anduvimos comprando alguna cosa en el mercado (gorros andinos. Seguro que a alguno le suena, jejeje).
La otra cosa que nos contó el policía turístico era que podríamos ir a una exposición que se hacía en la universidad, se llamaba "expoteco". Cuando se hacía la noche en la exposición empezaban unos conciertos de cumbia y se llenaba de gente. No es que nos volviera locos el plan pero decidimos ir, no había nada mejor que hacer, y realmente no pudimos hacer nada mejor. Al poco de llegar a donde estaban los conciertos, y casi sin darnos cuenta, estabamos integrados como los que mas en un grupo de gente. La forma de conocer a la gente es muy sencilla, y quizás deberiamos aprender algo por aquí de ellos, simplemente alguien te mira, levanta su trago y te invita a beber con ellos. Asi nos pasó con nuestro primer amigo de fiestas en Oruro. Miguel, que así se llama, se pasó la noche invitandonos a una especie de aguardiente, sus amigas nos enseñarnon a bailar cumbia y para hacer la noche completamente boliviana, presenciamos una pelea en la que también se vio metido nuestro amigo. Después de terminar los conciertos nos fuimos a un boliche con las chicas. Nuestro amigo se perdió después de la pelea de borrachos.
Ya en la discoteca Javi se metió en un lio, un pequeño malentendido. Una de las chicas tenía "novio" y este apareció en el boliche por sorpresa. El "novio" (y ahora se explican el porque de las comillas) no hizo mucho caso a la situación y continuó a su bola. Cuando la calma parecía haberse hecho, aparece en la escena el MARIDO de la chica. Ahora sí, éste pensaba que ella estaba liandose con Javi, y para comprobar antes de soltarle la primera se acercó a donde estabamos. Yo creía que de esta no salía sano. Para hacer la cosa mas interesante, unos amigos del marido se acercaban por momentos al sofá donde estabamos. Javi metió la pata conversando con el tio, ella le había dicho al marido que javi era su primo lejano, pero Javi le empezó a contar que estábamos de paso por Oruro. El acento no ayudaba mucho a hacer creible la historia, y todo parecía conducir a una escena en la que Javi no saldría muy favorecido. El tipo seguía sentado junto a Javi, yo me perdí un rato, al volver al sofá donde estaba Javi con el marido ya parecian amigos de toda la vida. El alcohol y conversar sobre las mujeres parece que le bajaron los humos al tio. El tipo invitó a una botella de ron añejo (para colmo era su cumpleaños) y bebimos al estilo de Tarija (el pueblo natal del tio), hasta que quedó borrachisimo y contentisimo de habernos conocido. Después de tanta tensión y alcohol, Javi se quedo dormido en el sofa del boliche.
Visto lo bien que lo pasamos en Oruro, lo encantador de la gente y los dias que quedaban de expoteco, decidimos quedarnos al menos otro dia mas. Nuestro amigo nos había pedido la dirección de nuestro hotel, prometió pasar a recogernos al dia siguiente. Había en su casa una fiesta y quería que fuéramos. Y una de las chicas que conocimos era azafata de cocacola y estaba a la noche siguiente en el escenario de los conciertos regalando cosas.
Mañana más...

Un pueblo muy tranquilo, con casitas muy viejas y algunas de piedra. Humauaca ya está a una altura considerable por lo que movernos a ritmo rápido hacía que nos cansaramos mas de lo normal. Especialmente subiendo unas escaleras que nos llevaban hasta un lugar donde habia una curiosa estatua y muchos cactus.
Compramos un poco de hoja de coca y nos sentamos a masticarla en unas escaleras del centro del pueblo. Seguimos caminando por el pueblo, compramos la cena, conocimos a un chico aleman que viajaba solo y nos fuimos con él para el único bar del pueblo, donde había una mesa de ping pong. Alli nos metieron una paliza al ping pong los lugareños y de vuelta al hostel.




En esta otra salgo con Gabi, otro de los chicos del hostel, tb muy buena onda.
La verdad es que de los dias que estuvimos alli en Cordoba el lugar que mas visitamos fue esa terraza. La mu ijaputa te enganchaba y no te dejaba salir de ahi. Nosotros nos resistiamos un poco, pero habia unos israelies que se despertaban y se iban a la terraza, comian alli y alli se quedaban tomando y fumando hasta que les daba sueño y entonces bajaban a acostarse hasta el dia siguiente. Alli hicimos varios asados y pasabamos las noches tomando algo hasta que nos animabamos a ir a algun sitio a seguir la joda.
En esta estamos en el mismo lugar solo que en vez de verse la calle salimos los tres y un edificio al fondo que estaba en construcción.
Aqui se puede apreciar la maravillosa parrilla donde se hicieron y se seguiran haciendo tan buenos asados. Y como no, el único choripan que sobró del asado al que nos invito Mati, otro de los chicos que alli vivian.
Depués de esto Carlos se fue a dormir y yo me quede ahi de charla con Gabi y Lu. Estabamos planeando ir a bañarnos a un rio cercano cuando se despertaran Nico y Carlos. Pero despues de un rato me quede listo yo tb asi que me fui a dormir.

El pueblo estaba en medio del parque natural y para llegar había que recorrer un camino de tierra de mas de cien kilometros, tardamos unas 5 horas. Aquí aparecemos reventados justo antes de llegar al puente de entrada al pueblo.
Nada mas llegar buscamos un lugar para comer, imaginaros el hambre que llevabamos encima. Tras saciar el hambre nos pusimos a buscar alojamiento. El pueblo es un pueblo muy chiquitito, no mas de 800 habitantes. Calles de tierra, casas muy modestas y animales por todas partes. Finalmente dimos con uno muy barato (apenas diez pesos la noche), nada de carteles que digan que alquilan habitaciones, todo el mundo se conoce y sabe quien alquila. Todo es mas familiar y si quieres saber donde comprar algo preguntale al primero que veas con pinta de lugareño.
Como no le dábamos nada se encabronó un poquillo...


La casa en la que estabamos era muy agradable. Aunque las concidiones no eran muy buenas, habia bichos por todos lados, desde cucarachas a mosquitos. La dueña de la casa era super amable y en general toda la gente que estaba parando por alli te ayudaban en lo que podian y nunca te negaban un rato de conversación. Los niños en la casa tenian una mascota: "perico", un loro al que le habían cortado las alas y andaba por allí a sus anchas picándole al primero que lo agarraba.
Y estás son las piernas de Gregory después de meternos en una parte del parque donde había monos, acompañados como se puede ver de mosquitos, uffff!! que picor!!







Como salimos bastante temprano de Carlos Pellegrini ibamos a llegar muy temprano a Iguazú, así que decidimos hacer una parada en una ciudad a mitad de camino, en Posadas. De camino a posadas nos pararon dos controles de la policia, lejos de ser una putada nos resulto bastante util para conocer algun buen boliche de Posadas para pasar una buena joda. Era Viernes por la noche y había bastante fiesta. Después de dar una vuelta por la zona de marcha de la ciudad conocimos a un par de argentinos que nos dijeron cual era el mejor sitio de la ciudad. Nos montamos los 7 en el coche y para el lugar fuimos. No se yo lo que entenderían por el mejor sitio de la ciudad pero nos llevaron a una macro sala llena de niñas en la que no paraban de poner cumbia. Allí estuvimos haciendo el cafre hasta que cerraron. Después de comernos en la calle unos bollos muy raros hechos de pan y queso mezclado, y de que nos cruzaramos con unos de los policias que nos pararon antes de llegar a posadas, que nos saludo muy alegremente viendo que habiamos encontrado algun lugar de joda, seguimos hacia Iguazú. Esta parte del camino fue realmente jodida, estaba todo lleno de montañas. Y la carretera era bien parecida a una montaña rusa, subida gigante, bajada enorme, subida aun mas grande, bajada mas peligrosa... pero ahi tenemos a nuestro magnifico chofer Camilo, que se volvio a hacer todo el viaje :P.








Los chicos argentinos querían ir a la ciudad de Paraguay que hace frontera en el lugar, Ciudad del Este. Pablo no tenía pasaporte por lo que no pudo ir y Javi prefería pasar el dia en la piscina, así que fuimos sólo Camilo y yo. Dicen que es el Hong Kong de sudamérica porque venden todo tipo de electrónica a precios muy bajos. También dicen que es una de las ciudades mas peligrosas del mundo, y la verdad lo parecía. El atractivo del lugar es una calle repleta hasta los topes de tiendas en las que venden desde ropa hasta cualquier aparato electrónico. A la vez hay vendedores ambulates con su maleta llena de cualquier cosa, cuando vieron que estabamos interesados en comprar una afeitadora eléctrica empezaron a rodearnos unos pocos y a probar sus maquinillas en mi brazo. Al final compré una afeitadora que luego resultó no cortar casi nada...


